Alberto Carlos

Ciudadanos, ese partido mal llamado del cambio, puesto que tuvo su origen en Catalunya bastante antes de su irrupción a nivel nacional, ha pasado por todo el espectro ideológico posible, siempre intentando acomodarse a lo que su líder Alberto Carlos (Albert Rivera) y su camarilla más leal creen conveniente para poder tener protagonismo en la vida política del Estado Español y copar todo el poder posible, siempre siendo muleta de uno u otro partido del bipartidismo tan engrasado que existe en España.

Vayamos a sus orígenes como Ciutadans en 2006, cuya irrupción en el Parlament de Catalunya fue casi testimonial, pero supondría el inicio del arraigo de este partido dentro del sistema político catalán y, posteriormente, español. Albert Rivera se definía a sí mismo y a su partido como un partido progresista de centro-izquierda y socialdemócrata. Es decir, como el PSC de Pasqual Maragall. Pero esto era pura fachada, ya que siempre renegaron del Estatut de Autonomía y de los «privilegios» que tenían Catalunya y otras naciones que componen el Estado Español. Pronto tardarían en dar el primer giro ideológico cuando, en las elecciones europeas de 2009 se presentaron con una serie de partidos/agrupaciones de ultraderecha, algo que el veletismo de Rivera no ha querido reconocer. Por lo que sus postulados «progres» quedaban en papel mojado. En estos años hasta su irrupción nacional en 2014-2015, Alberto Carlos y su partido virarían hacia la derecha, coincidiendo, pese a que jamás lo reconocerán, en su concepción de la economía, con la antigua CiU, así como abrazarían el neoliberalismo político, económico y social, pero sin abandonar las etiquetas de progresismo y socialdemocracia para no cerrarse en banda ante posibles votantes descontentos con los nacionalistas catalanes, populares y socialistas. El partido que nacía en 2006 para ser una alternativa al tripartito catalán y al independentismo convergente quedaban abandonados para aprovecharse de la «crisis» del bipartidismo y convertirse en un partido atrapalotodo donde iban a abandonar su nicho en Catalunya para tener un proyecto nacional.

Años 2014-2015, el partido abandona la etiqueta de centro-izquierda para mostrarse como el partido constitucionalista, de centro, de todos los españoles, antinacionalista, anticomunista, azote de independentistas y de izquierdistas «acérrimos», defensor del librecomercio, del liberalismo de 1812, del statu quo, etc. Hasta el punto de que Joan Borrell y otros gerifaltes del IBEX 35 y la CEOE afirmaban que les suponía un alivio que hubiese surgido un «Podemos» de derechas. La veleta comenzaba a ser necesaria para los intereses del liderísimo Albert Rivera, donde el atrapalotodismo le daría un suelo bastante sólido y un nicho de votos necesario para poder ser decisivo, como se vio en las elecciones municipales y autonómicas de 2015, siendo el sostén de populares y socialistas cuando se habían hinchado los naranjas a criticarles por todo lo que cualquier ciudadano se puede imaginar. Y durante los cuatro años siguientes, hasta las elecciones de 2019, dos generales entre medias, la veleta se vio necesaria a seguir girando hacia unos y hacia otros, purgas incluidas, para imponer un mandato único de Albert Rivera haciendo tándem con Inés Arrimadas, estableciendo barones como han hecho PP y PSOE, una directiva sin casi oposición, y cambiando su opinión y postulados políticos y socioeconómicos hasta el punto de que abandonaban la centralidad para verse con acomodo en el centro-derecha/derecha liberal, renunciando a casi todos los pactos con el PSOE y escogiendo al PP como socio preferente y a VOX como muleta de los gobiernos derechistas, abandonando de iure la socialdemocracia (ya que de facto jamás fueron socialdemócratas), el progresismo en detrimento de un socioliberalismo de carácter semiconservador, un antinacionalismo catalán, vasco y gallego visceral, y se uniría al grupo de los nacionalistas españoles.

En las elecciones de abril y las que vienen en menos de un mes, siguen pegando bandazos ideológicos y de discurso en base a sus perspectivas electorales y siempre con la ambición de poder tocar poder patrio supremo, sea con PP o con PSOE como declaró Alberto Carlos en aras del constitucionalismo y de la gobernabilidad, obviando su deseo más absoluto de gobernar bajo la batuta de la CEOE, IBEX 35 y los poderes fácticos que gobiernan el Estado Español desde la victoria del franquismo en 1939. No es absolutamente serio un partido de estas dimensiones, que no tiene una idea ni base fija, donde dice que jamás hará una cosa y acaba haciéndola, donde reniega de los «extremos» pero no duda en exhortar al PP a sentarse con VOX para intentar que no se les involucre con ellos, que su anticomunismo y antinacionalismo (exceptuando el español) sea tan exacerbado que busque la crispación, la provocación y el victimismo para poder mostrarse como el único partido pulcro y españolista. Tampoco es serio decir que es de centro cuando un ciudadano cualquiera puede observar que su 90% del programa es de derechas y con claros tintes más neoliberales que socioliberal como dicen ser. Ni tampoco es serio ni de recibo haber creado una escuela de hooligans tanto en las instituciones públicas como en las distintas redes sociales donde se recurre a la chabacanería, el insulto, el menosprecio, el tildar de idiotas a los que no comulgan con ellos (véase Girauta, Arrimadas, de Quinto, etc.). Cuando alguien entra en política, debe hacerlo para servir al ciudadano, teniendo la ideología y programa que se tenga, y siempre siendo coherente, sensato y con vocación pública, nunca siendo una veleta más veletista que la que ha sido el PSOE desde Suresnes y 1974. El ciudadano normal y corriente debe intentar obtener un poco de cultura política para poder observar que Ciudadanos no es más que un partido veleta y nada serio, sin definición política, social y económica más allá del derechismo y nacionalismo español ya consolidado, y que cualquier otra definición que hagan será únicamente por la coyuntura que se atraviese y la necesidad de no perder representación. Quién sabe, a lo mejor después del 10-N Ciudadanos vuelve a ser socialdemócrata y progresista y abandona la chabacanería, o a lo mejor acepta la propuesta del PP de España Suma si se ve en riesgo de ser otra UPyD.

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