PsoE

El PSOE, siendo el partido más antiguo de España que sigue existiendo es, a su vez, el mayor traidor a todo lo que ha representado desde su creación hasta 1945, fecha clave en la que el PSOE decidió dar una de las muchas puñaladas que dio a todos los que confiaban en él. El PsoE (desde este momento lo escribiremos así, ya que no consideramos que sea ni socialista ni obrero en la actualidad) ha pasado de estar en las calles, en las barricadas y consiguiendo mediante mucha lucha obrera una gran amalgama de derechos políticos sociales en España junto a otros actores de izquierdas, dentro y fuera del arco parlamentario, a plegarse a la burguesía y los sectores más reaccionarios para revertirlo y contribuir una y otra vez a los designios de los poderes fácticos del Estado Español.

En su primera etapa, que va desde su nacimiento hasta 1945, el PsoE marcó un antes y un después, asumiendo los principios del socialismo clásico, el marxismo-leninismo, la lucha de clases, el combate sin cuartel a burgueses, liberales, conservadores, reaccionarios, agriaristas, derechistas de todo tipo, radicales, etc. Formó rápidamente un tándem con los republicanos más izquierdistas y junto a ellos hasta la llegada de la Segunda República impidieron mediante huelgas, la lucha parlamentaria y obrera que los privilegios de los que gozaban las clases altas fuesen en aumento. Pero sería en 1931 cuando por fin los socialistas llegarían al poder de la mano de la conjunción republicano-socialista. Vieron que la burguesía republicana de izquierdas era lo menos malo dentro del parlamentarismo burgués que aborrecían e impulsaron una transformación política, económica, social y cultural (interrumpida por el Bienio Negro) hasta la guerra en 1936, donde tuvieron la fuerza casi mayoritaria en el gobierno de concentración republicano y gestionaron la guerra contra el fascismo de la mejor manera posible que se pudo de la mano de Largo Caballero y Negrín.

La segunda etapa será de transformación, en el exilio y la clandestinidad, pero sobre todo se movería en las esferas del exilio, desconectando casi totalmente de los que luchaban en clandestinidad contra el franquismo. Va desde 1945 hasta 1974. El PsoE inicia sus primeros pinitos en el apuñalamiento y la traición a todo lo que representan. Primero condenarían y expulsarían a Negrín y todo el negrinismo del partido por sectores prietistas que aducían traición al partido y a España (algo rebatido claramente en la historiografía) y después empezarían a pactar con sectores del franquismo descontentos con el régimen, véase monárquicos alfonsinos (posteriormente de Juan de Borbón), carlistas y falangistas redimidos (Ridruejo), derechistas cuasifascistas (Gil Robles), etc. Pero la mayor traición sería el desamparar a los maquis comunistas, anarquistas y socialistas, renunciar a liderar junto al PCE la resistencia interna al fascismo de Franco y preparar la futura defenestración de Rodolfo Llopis en pro del

Felipismo y las nuevas generaciones socialistas que no vivieron la guerra y que veían en el PsoE una herramienta de llegar al poder mediante consenso con todo tipo de fuerzas a su derecha, buscando acabar con la hegemonía del PCE en la lucha antifranquista mediante virajes ideológicos e influencias de la socialdemocracia de tercera vía alemana, francesa, inglesa y con la financiación de estos (sin olvidar a EEUU). 1974 marcaría un antes y un después en el Congreso de Suresnes, donde Rodolfo Llopis (sector histórico) es desbancado por Felipe González (sector renovador), quienes harían del PsoE lo que es hoy.

La tercera y última etapa va desde Suresnes hasta la actualidad. Poco antes de las primeras elecciones tras la dictadura vieron que si querían gobernar sin problemas ni objeciones de los restos del régimen y la oposición de derechas debían convertir al PSOE en el PsoE. Se acabó con la etiqueta de socialismo puro, se liquidó el marxismo- leninismo, se abandonó la retórica de lucha obrera, movilización social, subversión contra el régimen, se insta a conciliar con los rivales reaccionarios, etc. Y por primera vez desde 1936, el PsoE volvía en 1982 al gobierno con mayoría absoluta. Y será cuando las traiciones a sus millones de votantes y toda la clase obrera española sería consumada con reformas laborales, leyes de patadas en la puerta, limitar el derecho a la huelga, inacción frente al franquismo sociológico, no realizar un proceso de desfascistización como ocurrió en Alemania e Italia, giros a la derecha en lo económico medio compensándolo con algún giro a la izquierda en temas sociales, pactos con los posfranquistas de Alianza Popular y Partido Popular, etc.

El viraje del PsoE y sus traiciones se aprecian a partir de la segunda fase, basta con tomar cualquier libro de Historia o haber nacido entre 1975 y 1982. Pero también los nacidos posteriormente e incluso los millenials, han podido vivir en sus carnes los gobiernos de Zapatero y Pedro Sánchez. El primero ya traicionó a toda la izquierda con su vendida a la derecha, abriendo la veda a los peores años económicos y sociales de nuestra historia más reciente con la reforma laboral, recortes públicos, reforma de la constitución para priorizar el pago de la deuda a cualquier cosa más importante. Y Pedro Sánchez tres cuartos de lo mismo, ya que cuando triunfó la moción de censura de 2018 muchos estaban esperanzados con acabar con la década ominosa del siglo XXI. Pero lejos de acabar con ello, ocurrió lo que le ha pasado al PsoE desde 1982: en la oposición se mira a la izquierda, en el gobierno se mira a la derecha. ¿Es de verdad necesario seguir confiando en que el PsoE es la única izquierda capaz de mejorar la calidad de vida de la población y ser el adalid de la izquierda? ¿O hay que esperar a que realice una nueva puñalada para demostrar por septuagésima vez que el PsoE es uno de los dos partidos del establishment, del inmovilismo, de la incapacidad salvo de gobernar como el PP?

El socialismo obrero español no es el PsoE, sino son todos aquellos que jamás han dejado de luchar en la calle, en el hogar, en el trabajo, en el ámbito social, en las manifestaciones, los que han derramado sangre e incluso su vida para que todavía conservemos ciertos derechos que se nos quitaron en el franquismo y que la tercera vía de la socialdemocracia, junto al neoliberalismo, están apunto de arrebatárnoslos.

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