Nada que celebrar

Este domingo, 10 de Noviembre de 2019, fuimos convocados a unas nuevas elecciones generales instigadas por la ruleta rusa de Pedro Sánchez. Como era de esperar, el tactismo y egocentrismo del PsoE hizo que la izquierda saliese más debilitada (que no derrotada) y una derecha en recuperación, junto al fascismo extremo de VOX ultrareforzado, lo que nos hace pensar que era esto lo que quería Pedro Sánchez.

En la anterior legislatura se vaticinaban buenos augurios. La izquierda sumaba con el PsoE y casi todos pensábamos que por fin se pondría punto y final a años de gobierno destructor y neoliberal del PP, que comenzó con la moción de censura a M.Rajoy. Lejos de ello, el PsoE jamás quiso pactar con Unidas Podemos y los partidos nacionalistas vascos y catalanes, sino que quería un cheque en blanco tras haber agitado el miedo al trifachito al votante medio que se decantó por el PsoE como voto útil y de contención y gobernar con su verdadero socio preferente, Ciudadanos, el gran perjudicado de la noche electoral.

Se encontró con el cordón sanitario de Albert Rivera y no le quedó más remedio que hacer un paripé con Unidas Podemos para sacar su investidura una vez que no pudo contar con Ciudadanos. Pero al ver las legítimas pretensiones de los de Iglesias y Garzón, tanto la nomenklatura (en este caso barones y vieja guardia) del PsoE como los poderes fácticos de este país se opusieron en rotundo, no vaya a ser que el PsoE gire a la izquierda y se hagan políticas de izquierdas. En efecto, se cumplió lo que quisieron Sánchez y el PsoE: no tener a nadie de UP en el Consejo de Ministros y alzar las cartas de bloqueo e inestabilidad para forzar unas cuartas elecciones en cuatro años. Gabriel Rufián, de ERC, ya advertía de que esto era jugar a la ruleta rusa porque en muchos años no se había dado la posibilidad de hacer un gobierno de izquierdas y las derechas, con otra oportunidad y una desmovilización y
división de la izquierda, haría que estas tuviesen el momento de la remontada. 10 de noviembre, se cumplen las profecías que muchos vaticinaban desde todos los espectros de la sociedad: el PsoE gana las elecciones pero más debilitado, el PP crece y disipa parte de su crisis, VOX y el fascismo cobra una fuerza impresionante donde nos demuestra una vez más que el franquismo sociológico existe y está más presente que nunca desde 1975, UP cae pero resiste la embestida del errejonismo el cual es otro de los derrotados de la jornada electoral, Ciudadanos se derrumba recordando a la UCD por sus vaivenes políticos, el veletismo extremo y la poca definición concreta, demostrando que no son útiles a sus votantes y que prefieren a una derecha más clásica (PP) o una más extrema y beligerante (VOX). Crecen un poco los partidos nacionalistas y aparecen otros que ya estuvieron (BNG) o de nuevo cuño (Teruel Existe). La ruleta rusa nunca funciona, y menos en un estado como el español, y dar la oportunidad a la derecha de rearmarse y contraatacar. En España, la derecha siempre vota en masa, a un partido u otro, pero siempre vota, mientras que la izquierda siempre es más volátil a la hora de ejercer el derecho al voto y son propensos a la abstención cuando no creen en el sistema o están desencantados con sus supuestos referentes políticos, mientras que hay otro sector de izquierdas que siempre buscan su cargo y sillón al que aferrarse sin importarles dividir aún más, como es el caso de Más País e Íñigo Errejón, el cual nunca aceptó su derrota en Vistalegre y decidió montar su propia aventura más próxima al PsoE y al centrismo que a las clases populares. Pero aún más irresponsable fue el PsoE y Pedro Sánchez, creyendo que le iba a pasar como a Mariano Rajoy en 2016. Lejos de ello, ha empeorado el resultado, ha buscado debilitar a UP durante toda la campaña, ha blanqueado y contribuido claramente a la campaña electoral de VOX y ha preferido jugársela todo a una carta en vez de ceder (un poco, no se le pedía una cesión absoluta) y pactar con aquellos agentes de izquierdas que estaban dispuestos a sostenerle en el poder (UP y ERC principalmente) para frenar a la derecha e impulsar un programa de cambio en todos los sentidos.

No hay nada que celebrar porque el PsoE es más establishment que nunca, la extrema derecha ha crecido exponencialmente, y las probabilidades de poder poner coto a la derecha han disminuido considerablemente. Si el PsoE se mantiene en sus dinámicas derechistas en tema económico, tibios socialmente, duros con respecto a la cuestión catalana sin querer negociar ni hablar y con amenazas, reaccionarios en el aspecto político y poco reacios a tender puentes con otras fuerzas a su izquierda, me temo que nos iremos a unas terceras elecciones donde será imposible, y esta vez de forma definitiva, frenar a la derecha para que vuelva al poder y se instaure otra Década Ominosa. Sin embargo, las situaciones suelen ser inciertas, siempre hay esperanza. Y esperemos que esta llamada de atención haga al PsoE que deje de mirar a la izquierda, sino que se sitúe en ella y vea que si quiere gobernar no podrá hacerlo a sus anchas como está acostumbrado. El tablero político ha cambiado para siempre.

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