Europa

En España, durante prácticamente toda su existencia, se ha predicado mucho el ejemplo de llenarse la boca con entes y colectivos de diversa índole, pero a la hora de la verdad nunca se ha llevado el ejemplo a la práctica. Todo por el pueblo, pero sin el pueblo; todo por la patria pero sin la patria; por la gracia de Dios y de España pero sin
ambos y, ahora, europeístas hasta la médula pero sin Europa. «Puta Europa», bramado conscientemente por Alfonso Ussía, es lo que la mayor parte de la derecha más conservadora y reaccionaria piensa de Europa cuando se
ha conocido la decisión de los tribunales europeos sobre los derechos que poseen Puigdemont, Comín y, más recientemente, Oriol Junqueras. Los tribunales de justicia europeos están en un escalón por encima de los tribunales de los estados miembros. Y la justicia europea ha demostrado que la española ha actuado de manera poco ética y honrosa sobre los derechos humanos y los adquiridos por su condición de eurodiputados de varios de los presos políticos catalanes y exiliados y/o huidos de España. Por tanto, se ha conminado a la justicia española que acate, como buen miembro de la Unión Europea que es (en la teoría al menos), la resolución final sobre estas personas en concreto y se permita, a su vez, a Oriol Junqueras, salir de la cárcel por su condición de inmunidad europarlamentaria y pueda tener los mismos derechos que sus correligionarios europarlamentarios.

Ahora es cuando parece ser que permanecer en la Unión Europea es un dolor de muelas, una intromisión al nacionalismo español, a la justicia española, y que trae muchísimas desventajas que causan malestar general a todos esos patriotas de bandera y pulserita. La Unión Europea se ha convertido en el cortijo de «golpistas», en una
desvergüenza y descrédito general propiciado por sectores del comunismo judeomasónicos. Pero cuando la Unión Europea ha participado en guerras contra estados legítimos como la Libia de Gadafi, Siria, etc.; o ha conspirado para provocar golpes de estado como en Bolivia o Venezuela, o contribuye al bloqueo de todo tipo a otros estados como Cuba, o cuando se han otorgado ayudas millonarias a España para su desarrollo y crecimiento desde los años ochenta, o si se equipara al comunismo con la aberración nazi-fascista y se prohíbe cualquier ostentación comunista, ahí sí que es la Unión Europea un ente importante y de unión entre todos europeos y un orgullo de ser
europeísta. ¿En qué quedamos entonces? ¿Para unas cosas la UE es maravillosa y hay que ser partícipes de su trayectoria desde 1957 y para otras cosas «Puta Europa» y Spexit cuanto antes?

Los nacionalistas españoles de cuna, y también los supuestamente europeístas se olvidan de que cuando formas parte de un ente supraestatal como es la Unión Europea, eres un miembro de pleno derecho con tus ventajas y, por supuesto, desventajas. Existe una política común, unas reglas económicas y se comparten una serie de rasgos socioculturales entre todos los miembros presentes. Se puede estar de acuerdo o no en que el austericidio, el neoliberalismo y el dominio de la UE por parte de unos pocos jerifaltes políticos y económicos son los que se han cargado los principios básicos del Tratado de Roma de 1957, algo que niegan los que ahora están cargando contra Europa sin cesar. Pero también se tiene que asumir que al formar parte de la UE estás sujeto a que hay también alguien, digamos, superior al que te tienes que ceñir, y normalmente estos entes superiores están dirigidos por esos jerifaltes, que es cuando no se protesta por los patriotas de pulsera y bandera. Pero ha sido en este caso
relacionado con el procés catalán cuando les ha salido el tiro por la culata y han acabado por dar la razón a los presos políticos y a los huidos por la persecución de los tribunales españoles dominados desde hace muchos años por los Lesmes de turno.

Como anunciábamos al principio, España vuelve a la tradición del todo por algo, pero sin ese algo. Ahora va a estar de moda el ser europeísta pero sin la Unión Europea. La Unión Europea va a ser el chivo expiatorio de la frustración de amplios sectores de la derecha reaccionaria que clamará por desobedecer a la UE y seguir incumpliendo sistemáticamente con los derechos que poseen los actores políticos pertenecientes al procés. Muchos ya clamábamos contra la Unión Europea desde hace décadas por haberse desvirtuado el Tratado de Roma de 1957 y que se haya convertido en un ente claramente corrupto y necesario de una renovación ad hoc, por lo que seguimos luchando en el europarlamento pero también en las calles. Los que claman ahora contra la UE son los que siempre han amado el chiringuito que se había creado en el que se sentían como en casa, y ahora buscan seguir siendo europeístas, pero sin Europa. La hipocresía del reaccionarismo, fascismo y nacionalismo español ha sido
muy grande, y ahora se ha podido volver a apreciar. No se quedará así si al final la justicia española termina por acatar la resolución de sus superiores europeos. Es muy probable que los ataques hacia Catalunya aumenten radicalmente y se empiece a popularizar el Spexit por una pataleta y rabieta de impotentes, sin saber realmente cómo funcionan las cosas.

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