Gobierno

En el día de ayer, 7 de Enero de 2020, en segunda votación, Pedro Sánchez recibió la confianza del Congreso de los Diputados por únicamente dos votos de diferencia para ser presidente del gobierno y poder conformar un gobierno de coalición de izquierdas con carácter histórico ya que esta circunstancia no se daba desde la Segunda República.

Amplios dirigentes de Podemos, Izquierda Unida y demás actores político/sociales que componen la coalición de izquierdas de Unidas Podemos afirmaban, con razón, que el PSOE sólo es de izquierdas si se le obliga a serlo, y que para que de verdad se pudiesen dar políticas de izquierdas en España era necesario entrar en el gobierno junto al PSOE, pese a las futuras contradicciones de programa que se puedan dar debido a que los que realmente mandan en el país, esos poderes fácticos de los que ya se han hablado en numerosas ocasiones, pondrán en dificultades el poder llevar a cabo el programa acordado entre PSOE y Unidas Podemos. Esto se podría haber realizado antes si al PSOE no le hubiese podido la arrogancia y las voces críticas a los que están a su izquierda, ya que la aritmética parlamentaria era bastante más favorable que la actual. Ahora, pese al hundimiento de Ciudadanos; PP y VOX han crecido exponencialmente y son un verdadero peligro no ya sólo para que prospere el gobierno de coalición, sino también para la democracia (véase las amenazas de muerte a Tomás Guitarte y presiones hacia algunos diputados del PSOE, entre otras muchas cosas). PSOE y Unidas Podemos tienen ante sí el mayor reto de la democracia actual en estos momentos: tener un gobierno de izquierdas real y poder llevar a la práctica el programa que ambos llevaban y que acordaron prácticamente a las 48 horas del final de las elecciones de noviembre. Tampoco podemos hacernos demasiadas ilusiones, ya que al fin y al cabo, quitando a Alberto Garzón y Yolanda Díaz, futuros ministros de consumo y trabajo respectivamente, el resto son miembros que oscilan desde la socialdemocracia hacia el socioliberalismo y el liberalismo moderado, por lo que va a predominar seguramente es un gobierno socialdemócrata al 90% y dos ministros de Izquierda Unida y el PCE (haciendo hincapié en que IU entra por primera vez en su historia al gobierno de España y el PCE vuelve después de ochenta años) que sus políticas seguramente se vean supeditadas a la socialdemocracia y no al marxismo (ojalá quien escribe estas líneas se confunda). Se puede y se debe acabar con el neoliberalismo atroz que ha destruido a la sociedad, recuperar los derechos políticos y laborales que se han perdido desde 2011, solucionar los conflictos territoriales de los pueblos que componen el Estado Español mediante la supresión de la judicialización y la represión y utilizar el diálogo y que sean los pueblos en cuestión los que acaben decidiendo su futuro. También se debe plantar cara a Europa, aunque ya se ha avisado de que se va a tener una connotación claramente europeísta (pero se puede ser europeísta y a su vez no seguir a pies juntillas todo lo que diga el BCE y demás estamentos europeos).

El reto de este gobierno es claro, pero el mayor enemigo que va a tener enfrente es toda la ultraderecha que se ha hecho notar desde abril y, sobre todo, noviembre. PP, Ciudadanos y VOX van a movilizar a toda su militancia, a todos los poderes económicos que les sostienen, y van a intentar incendiar las calles y todos los parlamentos para buscar la confrontación entre la izquierda y la derecha. Ahora mismo todos los que están en contra de ellos son: etarras, bolivarianos, castristas, comunistas, masones, progres, socialistas, independentistas, rompepatrias, asesinos, traidores, golpistas, felones y un largo etcétera que nos recuerda a la liturgia franquista y ese franquismo sociológico que ahora más que nunca ha crecido de manera exponencial. No hay que plegarse ante esta ultraderecha, hay que combatirla sin llegar a sus actuaciones ni ponerse a su mismo nivel. Tampoco se les debe permitir apropiarse de la soberanía nacional ni de la legitimidad, ya que la soberanía nacional reside en todos los pueblos que componen España y la legitimidad la otorga la democracia que no le gusta al fascismo cuando no sale lo que ellos quieren. Podrán ser lo más bestias que quieran, amenazar, insultar, acosar, agitar, etc.; pero el pueblo debe ser más fuerte que ellos y plantarles cara, sabiendo que esta oportunidad histórica puede hacer salir del establishment al Estado Español y mejorar la calidad de vida de los sectores más desfavorecidos, así como de revertir largos años de dominio oscuro de la derecha. Pero, sino se aprovecha esta oportunidad y se acaba perdiendo la batalla contra la ultraderecha, vendrán años mucho más oscuros que los de Rajoy y, probablemente, de verdad se acabe con la democracia y el supuesto estado de derecho que claman los fascistas ya que, si la conjunción conservadora-fascista llega al poder, podrá ser el fin.

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