Casas de apuestas: negocio ilimitado

El juego relacionado con las apuestas deportivas de todo tipo y las máquinas tragaperras no es algo nuevo, ya que existen desde hace unas cuantas décadas. Lo que sí es novedoso es que hayan proliferado de manera física a raíz de la crisis económica y siempre en los barrios más humildes, con una legislación muy laxa y muy ambigua donde las empresas salen beneficiadas. Pondremos el ejemplo de la ciudad de Coslada y un barrio concreto de clase obrera que es conocido como el Casco o el Pueblo. En la calle Alcalá de Ciudad Lineal hay quince.

En el Casco, durante la exploración realizada, se han detectado tres salones de juego a menos de 1 km de distancia entre ellos. Es decir, están prácticamente juntos y situados estratégicamente. El salón más grande, donde opera Codere, se sitúa en la arteria principal de la ciudad y prácticamente un nexo de unión, mientras los otros dos
salones se ubican cerca de establecimientos bancarios y de viviendas de clase popular. Esto significa que se han ubicado de manera estratégica puesto que saben la capacidad económica de los clientes que se acercan, tienen al lado de su casa el establecimiento, junto a entidades bancarias que permiten el acceso rápido a dinero para poder seguir jugando, y están en un fácil acceso para los transeúntes. Esto de su localización, pero el negocio viene cuando se entra al interior.

En el interior del local, en los tres locales, no hay ningún reloj que te informe de la hora que es ni tampoco hay contacto alguno con el mundo exterior, teniendo únicamente como iluminación la del local, por lo que no se sabe qué hora es, ni el tiempo que llevas dentro, ni lo que ocurre fuera del establecimiento, etc. Esto está
perfectamente estudiado para que se pierda la noción del tiempo y te quedes a la merced de los trabajadores de allí ya que tienen órdenes de no facilitar al cliente la hora, ni avisar del tiempo que llevas allí, e incluso de distraer a los jugadores con temas banales para que te distraigas aún más y no puedas prestar atención a las apuestas que se estén realizando (obviamente no queremos generalizar ni culpar a todos los trabajadores de contribuir al negocio, ya que la mayoría de ellos no actúan de forma ilícita). La iluminación es sensiblemente baja, que contribuye a que la persona que entre y pase un tiempo medio de 30 minutos o más piense que en realidad ha sido menos tiempo pero también acaba por atenuar el ánimo. A su vez, se incide en la máxima comodidad de los consumidores habituales mediante bebidas y refrigerios gratis o a un precio mucho más reducido que el de cualquier supermercado, no limitar el tiempo que se está en el salón del juego, incitar a seguir apostando si eres alguien que se deja dinero más del que gana, crear falsos vínculos de identidad y de amistad entre todos los individuos que permanecen allí, oferta de deportes gratuitos para su visionado a cualquier hora y ofrecer bonos de apuesta a juegos de azar si eres novato con condiciones y bonos para apostar en vivo para obligarte a permanecer allí o desplazarte hacia la ubicación requerida con el objeto de que si no quieres perder ese dinero gratis debes ir y jugar, etc.

En cuestiones de seguridad, no te encuentras con ninguna reseñable salvo algún local de máximo transito o si están en el ojo de las autoridades locales por haber recibido denuncias de altercados o presencia de menores. Pero si no ha ocurrido absolutamente nada, se permite el acceso a menores de edad, los más vulnerables en estos momentos, así como a grupos de personas violentos que inoportunan a los demás usuarios y trabajadores (siempre y cuando se dejen dinero, claro). No se suele tener un registro de quien entra y quién no, ni se limita el tiempo que estás en el interior. Sólo se limita a quien es un cliente no potencial para perder dinero con limitaciones en las apuestas realizadas y muchas trabas para retirar las ganancias, hasta el punto de excluir a estos clientes dándoles el dinero y prohibiéndoles la entrada a sus locales. A su vez, cuando alguien está autoexcluido por temas de ludopatía, se le incita a seguir apostando y no se le prohíbe la entrada, incurriendo en un grave delito donde aunque se acabe denunciando, las consecuencias no son muy severas. Los horarios de apertura son demasiado tempranos (oscilan desde las 8:30 hasta las 11:30) y los de cierre son a partir de la medianoche, con lo que se da flexibilidad al apostador para ir cuando le convenga, pero también a quien está en riesgo de exclusión por todo lo que hemos comentado, ya que allí puede pasar prácticamente todo el día al tener comida y bebida gratis o muy barata, aseos y entretenimiento por doquier.

Para un apostador recurrente, el día pasa relativamente rápido y el dinero perdido puede ser ostensible, el cual está siendo constantemente atraído a la esfera del local, mientras que el ocasional o ganador no se ve atraído por todas las ofertas y ventajas que ofrece la casa de apuestas y acaba por ser vetado al no ser el perfil adecuado que buscan. Por tanto, el negocio está servido. Alguien que esté necesitado de dinero acudirá a diario por todo lo que se ofrece (que son muchas más cosas de las que hemos comentado en estas líneas) y verá que tiene una amalgama de servicios a utilizar, aunque casi siempre salga con pérdidas que pueden llegar a ser millonarias. Por eso las casas de apuestas existen, ya que si todos ganasen y no estuviesen en riesgo de exclusión o de pobreza los salones de juego tendrían pérdidas y se verían abocados al cierre. La localización del salón, el estudio de la clientela, el acceso de determinada gente, la situación milimetrada de cada una de las cosas que existen dentro del local, el horario, el confort y demás hacen que ahora mismo las casas de apuestas sean una fuente de ingresos ilimitados y uno de los sectores donde más dinero se está moviendo desde 2013 aproximadamente. Y todo esto es legal (por ahora) ya que los gobiernos de turno tienen convenios e intereses compartidos con estos sectores que hacen que se les permita prácticamente todo.

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