SMI

El gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos llevaba en su programa de gobierno la subida del salario mínimo de forma progresiva, hasta intentar llegar a los 1200 euros para final de la legislatura. Si de por sí la subida de 900 a 950 es paupérrima y aunque se llegue a los 1200 seguiremos uno o dos escalones por debajo de las principales potencias europeas, para toda la derecha neoliberal y capitalista significa que llega una hecatombe, es populismo, se va a acabar con la economía, habrá recesión, empobrecimiento, etc.; cuando es todo mentira y realmente va a significar la mejora de la calidad de vida de los trabajadores más pobres, que los hay, por mucho que lo nieguen economistas de la escuela austríaca.

La subida del SMI era algo muy demandado por la población, sobre todo trabajadores con conciencia de clase y de izquierdas, que ven como mes a mes no pueden afrontar los pagos cotidianos o si lo hacen no tienen capacidad de ahorro para poder hacer frente a cualquier tipo de improvisto, lo que acaba por limitar la vida misma y el margen de actuación. Otros ni siquiera cobran la mitad del salario mínimo y trabajan lo mismo, pero con esta medida se asegura que las empresas cumplan los convenios colectivos firmados con gobierno y sindicatos y se acabe con los abusos salariales hacia los trabajadores.

El problema llega cuando tienes enfrente a todo un ejército, cada vez más numeroso, de clase obrera sin conciencia de clase, la patronal, grandes capitales, influencers políticos, gurús económicos y un largo etcétera de personal ubicado en el espectro de la derecha y/o ultraderecha con un pensamiento de economía ultraliberal afín a Friedman, Hayek y compañía, que hacen una campaña mediática muy agresiva manipulando datos y cifras diciendo que no se debe subir el SMI porque ello conllevará al cierre de empresas, a una menor contratación de personal, a una mayor precarización, etc. Todo es rotundamente falso, ya que de por si la subida del SMI va a tener un impacto muy reducido en la economía española, lo que sí que es cierto es que los privilegios de los que han gozado los poderes fácticos del sistema capitalista se van a ver reducidos un poco, ya que con la subida del poder adquisitivo de la población trabajadora de España las empresas se ven obligadas a tener que destinar una parte de sus beneficios (muy pequeña, pero ya de por sí les molesta debido al instinto de acaparación y especulación que tienen por inercia) a mejorar la vida de los trabajadores.

Lo que quieren de por sí los enemigos de la clase obrera es un mercado libre en todos los sentidos, donde el Estado, que es el demonio como gritaba cierto economista neoliberal, debe reducirse al mínimo de únicamente controlar las fuerzas armadas (para que estas protejan los intereses de la burguesía y el gran capital) y ciertos sectores del transporte nacional. Como sigue la retórica neoliberal depredadora, todo se autoregula, pues así se crea más riqueza. Se crea más riqueza, efectivamente, ya que se desangra al trabajador con miles de horas (sin contar las extra) anuales por un salario que el empresario crea que es conveniente (ya que la esclavitud está mal vista y optan por un régimen feudal de semiesclavitud y servidumbre) para que sus beneficios no se vean afectados bajo ningún concepto.

El libremercado funciona, cierto, pero funciona únicamente para las élites gobernantes y sus fieles servidores quienes se ven beneficiados de los desajustes que provoca la economía de mercado capitalista. No hay un Estado fuerte ni una fuerza obrera sin ser reprimida por la violencia que puedan hacer frente a la burguesía y, por tanto, estas élites amasan una gran fortuna y condenan al 98% de la población a vivir bajo el umbral de la pobreza o sin poder disfrutar de su producto y mercancía creado por su mano de obra. Claro, según los capitalistas, se pueden crear millones de puestos de trabajo, pero al módico precio de cobrar 300 euros mensuales con jornadas de trabajo maratonianas y que te aboquen a la pobreza. La subida del SMI es una necesidad imperiosa, y un triunfo del gobierno de coalición, pero no se deben conformar con estas pequeñas victorias. Hay muchos sectores de España (empresariales, de consumo, eclesiásticos, etc.) que mantienen unos privilegios que no deben ser ni mucho menos asumidos por el gobierno de turno. Hay que derogar totalmente las reformas laborales abusivas que comenzaron con Felipe González, pero, a su vez, poner cerco a las grandes empresas, bancos, eléctricas, grandes fortunas y demás para que contribuyan de verdad al sistema económico y se haga una reforma económica impositiva la cual vaya dirigida a la redistribución de los recursos y el reparto más equitativo de la riqueza, así como un sistema impositivo el cual no sea sostenido por la clase obrera explotada, sino que quienes tienen más (sobre todo quienes lo han obtenido de forma ilícita) paguen más, y los más desfavorecidos paguen menos. No estamos hablando de economía socialista ni de comunismo ni nada similar, ya que lo que mencionamos forma parte del capitalismo, pero el capitalismo de cara amable, de keynesianismo, socialdemocracia y la paradoja keynesiana del ahorro. Lo más justo sería la abolición del capitalismo y la sustitución por una economía socialista y lo más planificada posible, pero como somos conscientes de que es imposible por ahora y hay que jugar con los elementos que ofrece el gran capital, hay que abarcar un programa económico socialdemócrata, por ahora.

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